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Enoc 14

Traducción al español de la versión de R. H. Charles (1917) · sobre esta traducción ·

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1Libro de las palabras de justicia y de la reprensión de los Vigilantes eternos, conforme al mandato del Santo y Grande en aquella visión. 2Vi en mi sueño lo que ahora diré con lengua de carne y con el aliento de mi boca, la cual el Grande ha dado a los hombres para conversar con ella y entender con el corazón. 3Así como él creó al hombre y le dio el poder de entender la palabra de sabiduría, así también me creó a mí y me dio el poder de reprender a los Vigilantes, los hijos del cielo. 4Escribí vuestra petición, y en mi visión se me mostró así: que vuestra petición no os será concedida por todos los días de la eternidad, y que el juicio ha sido dictado definitivamente sobre vosotros; sí, vuestra petición no os será concedida. 5Y desde ahora no subiréis al cielo por toda la eternidad, y ha salido el decreto de ataros con las cadenas de la tierra por todos los días del mundo. 6Y antes de eso habréis visto la destrucción de vuestros amados hijos, y no tendréis gozo en ellos, sino que caerán delante de vosotros a espada. 7Y vuestra petición por ellos no será concedida, ni tampoco la vuestra, aunque lloréis y oréis y digáis todas las palabras contenidas en el escrito que he redactado. 8Y la visión me fue mostrada así: he aquí que en la visión las nubes me invitaron y una niebla me llamó, y el curso de las estrellas y los relámpagos me apresuraron y me impulsaron, y los vientos de la visión me hicieron volar y me levantaron hacia arriba, y me llevaron al cielo. 9Y entré hasta acercarme a un muro construido de cristales y rodeado de lenguas de fuego, y comenzó a atemorizarme. 10Y entré en las lenguas de fuego y me acerqué a una gran casa construida de cristales; y los muros de la casa eran como un suelo de mosaico hecho de cristales, y su base era de cristal. 11Su techo era como la senda de las estrellas y de los relámpagos, y entre ellos había querubines de fuego, y su cielo era claro como el agua. 12Un fuego llameante rodeaba los muros, y sus portales ardían con fuego. 13Y entré en aquella casa, y era caliente como el fuego y fría como el hielo; no había en ella deleites de vida; el temor me cubrió y el temblor se apoderó de mí. 14Y mientras me estremecía y temblaba, caí sobre mi rostro. Y tuve una visión: 15y he aquí que había una segunda casa, mayor que la primera, y toda su puerta estaba abierta delante de mí, y estaba construida de llamas de fuego. 16Y en todo aspecto sobresalía tanto en esplendor, magnificencia y extensión, que no puedo describiros su esplendor ni su extensión. 17Y su suelo era de fuego, y por encima había relámpagos y la senda de las estrellas, y su techo también era fuego llameante. 18Y miré y vi en ella un trono elevado; su aspecto era como de cristal, y sus ruedas como el sol resplandeciente, y había una visión de querubines. 19Y de debajo del trono salían ríos de fuego llameante, de modo que no podía mirarlo. 20Y la Gran Gloria estaba sentada sobre él, y su vestidura brillaba más que el sol y era más blanca que toda nieve. 21Ninguno de los ángeles podía entrar ni contemplar su rostro a causa de su majestad y gloria, y ninguna carne podía contemplarlo. 22El fuego llameante estaba a su alrededor, y un gran fuego se alzaba delante de él, y ninguno de los que estaban alrededor podía acercarse a él; diez mil veces diez mil estaban delante de él, y sin embargo no necesitaba consejero. 23Y los santísimos que estaban cerca de él no se apartaban de noche ni se alejaban de él. 24Y hasta entonces yo había estado postrado sobre mi rostro, temblando; y el Señor me llamó con su propia boca y me dijo: «Ven acá, Enoc, y oye mi palabra». 25Y uno de los santos vino a mí y me despertó, y me hizo levantar y acercarme a la puerta; y yo incliné mi rostro hacia abajo.