Enoc 18
Traducción al español de la versión de R. H. Charles (1917) · sobre esta traducción ·
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1Vi los depósitos de todos los vientos; vi cómo con ellos había provisto toda la creación y los firmes cimientos de la tierra. 2Y vi la piedra angular de la tierra; vi los cuatro vientos que sostienen la tierra y el firmamento del cielo. 3Y vi cómo los vientos extienden las bóvedas del cielo, y tienen su lugar entre el cielo y la tierra: estos son las columnas del cielo. 4Vi los vientos del cielo que giran y llevan la circunferencia del sol y de todas las estrellas a su ocaso. 5Vi los vientos sobre la tierra que llevan las nubes; vi los caminos de los ángeles; vi en el extremo de la tierra el firmamento del cielo arriba. 6Y seguí adelante y vi un lugar que arde de día y de noche, donde hay siete montes de piedras magníficas, tres hacia el oriente y tres hacia el sur. 7Y de los que estaban hacia el oriente, uno era de piedra de colores, otro de perla y otro de jacinto; y los que estaban hacia el sur, de piedra roja. 8Pero el del medio llegaba hasta el cielo como el trono de Dios, de alabastro, y la cumbre del trono era de zafiro. 9Y vi un fuego llameante. Y más allá de estos montes 10hay una región, el fin de la gran tierra: allí se completaban los cielos. 11Y vi un abismo profundo, con columnas de fuego celestial, y entre ellas vi caer columnas de fuego, que eran inmensas tanto hacia lo alto como hacia lo profundo. 12Y más allá de aquel abismo vi un lugar que no tenía firmamento del cielo arriba, ni tierra firmemente fundada debajo; no había agua sobre él, ni aves, sino que era un lugar desolado y horrible. 13Vi allí siete estrellas como grandes montes ardientes, y cuando pregunté acerca de ellas, 14el ángel me dijo: «Este lugar es el fin del cielo y de la tierra; se ha convertido en prisión para las estrellas y el ejército del cielo. 15Y las estrellas que ruedan sobre el fuego son las que transgredieron el mandamiento del Señor al comienzo de su salida, porque no salieron a sus tiempos señalados. 16Y él se enojó con ellas y las ató hasta el tiempo en que su culpa sea consumada, por diez mil años».